La Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) fue fundada en la Ciudad de México el 12 de agosto de 1913 por el sacerdote jesuita Bernardo Bergöend. Durante la Revolución Cristera (1926-1929), representó la vanguardia intelectual, la resistencia civil y el semillero de los principales líderes y mártires que defendieron la fe católica frente al Estado. Un recorrido histórico sobre los factores que desencadenaron la lucha armada y el impacto social de los creyentes en el conflicto.

Fundación y Objetivos Iniciales

Nació bajo el lema "Por Dios y por la Patria". Su meta principal era restaurar el orden social cristiano inspirado en la encíclica Rerum Novarum.

Buscaba formar una élite de jóvenes católicos con sólida preparación espiritual, intelectual y social para frenar la secularización del país.

Promovía círculos de estudio, la doctrina social de la Iglesia y la organización gremial y campesina.

El Papel de la ACJM en la Revolución Cristera

Resistencia intelectual y civil: Antes del conflicto armado abierto, la ACJM encabezó la oposición pacífica mediante la protesta cívica, la defensa de la libertad de enseñanza y la difusión de prensa en contra de las medidas anticlericales.

Liderazgo y movilización:

Muchos de sus miembros integraron la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, pasando de la resistencia pacífica a la lucha activa cuando estalló el enfrentamiento armado.

El martirio y figuras simbólicas: 

Jóvenes prominentes de la ACJM ofrendaron su vida en defensa de sus creencias, convirtiéndose en referentes morales del movimiento. Entre ellos destaca el beato Anacleto González Flores, líder social en Jalisco, y el joven santo José Sánchez del Río, símbolos del valor y la convicción de la juventud de esa época.